lunes, 10 de mayo de 2010

EN LA CORNISA



El problema no es tanto pararse en una cornisa, sino bajarse de ella, pues es muy difícil darse vuelta y retroceder, y si se decide seguir avanzando es “mas de lo mismo”, cayendo en la desesperación.


Al recorrer diferentes ciudades podemos observar las mas variadas edificaciones, algunas muy antiguas, otras no tanto, que marcan un contraste con las nuevas que se erigen soberbias aunque con un estilo mas simple. Cuando nos detenemos a observarlas vemos que en la mayoría de ellas, y fundamentalmente las no tan modernas, se destacan distintos tipos de cornisas.

Podríamos definirlas como lugares aparentemente firmes y extremadamente angostos. De un lado una pared que no podemos traspasar ni tomarnos de ella, del otro un precipicio y sus extremos terminan en el “vacío” o empalman con otra cornisa.

Para poder pisarla y andar sobre ella es necesario acceder generalmente por una ventana, por un balcón o descender desde una terraza. El problema no es tanto pararse en una cornisa, sino bajarse de ella, pues es muy difícil darse vuelta y retroceder, y si se decide seguir avanzando es “mas de lo mismo”, cayendo en la desesperación.

Cuando alguien se encuentra en una situación así y desea bajarse, tiene que tomar una decisión, arrojarse al vacío y sufrir las consecuencias -cosa no recomendable-, confiar en que alguien quizás intente amortiguar en parte con una red o algo semejante el golpe al caer, o bien esperar que alguien de mucha confianza suba a rescatarle en la plataforma de un brazo de grúa.

Así es la vida de muchos de los que leen esta nota, ya que están caminando por “la cornisa de sus vidas” y no encuentran salida. Puede ser por incidencia de otros, o por determinación propia, pero en definitiva sea cual fuese el origen para comenzar a transitar por la cornisa, tuvieron que tomar la decisión de hacerlo.

¡Puedes estar transitando por tu propia cornisa! Caminar al borde del precipicio con un “estilo propio de vida” o el del grupo con quien te relacionas, creyendo que así se vive o justificando lo que en el fondo sabes que no está bien, defendiéndolo -a veces con uñas y dientes-, tratando de buscar justificarte ya que la conciencia te inquieta, o relacionándote con otros que también vivan lo mismo y como dice el refrán criollo “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Caminar al borde de lo ilícito, caminar al borde del desastre, como quien juega con una “ruleta rusa”, pensando ¡Que sea lo que sea!, o ¡No va pasar nada! O siguiendo la corriente de pensamiento de otros y razonando sobre esa base decir ¡Si otros lo hacen o dicen, no debe ser malo!

Podemos definir distintos tipos de cornisas, la de los pensamientos, de los sentimientos, de las emociones, de los hechos, la cornisa de la falta de relación con Dios, la cornisa del rechazo a Dios, la cornisa de saber que Dios es la verdad pero no estar dispuestos a seguirle negándonos a nosotros mismos.

Un antiguo proverbio dice lo siguiente, “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es caminos de muerte”.

¿Como puedes bajarte de la cornisa por la que transitas? Cuando en tu interior sabes que “algo está mal”, has descubierto que ya estas caminando por una cornisa. Entonces cabe que te preguntes ¿Que prefieres, que te rescaten o intentar tirarte al vacío? La sencilla respuesta es que: Jesús es quien vino para rescatarte y enseñarte un nuevo modo de vivir “sin cornisas”. Sólo quiere que confíes en El, -porque El es Dios mismo-. Que creas que desea ayudarte a salir adelante, y lo hace porque te ama sinceramente. Que reconozcas que has tomado un camino equivocado y arrepentido confíes en El.

Cuando estire sus brazos para rescatarte solamente debes tirarte en ellos reconociendo tus faltas y decirle que de ahora en más quieres que te enseñe una nueva manera de vivir. No sólo te pondrá en un lugar seguro, sino que sanará tus heridas y te guiará el resto de tu vida.



Pr. Rubén Jorge Rodríguez

lunes, 5 de abril de 2010

SABER ELEGIR



¡Qué vigente... por mas que pasen los años, las costumbres cambien y la tecnología avance, en esencia seguimos siendo iguales..! Tenemos la capacidad de optar y decidir, y lo sabio es que lo hagamos bien.

Es de sabios observar la naturaleza, y más precisamente detenernos al ver a las aves tomar sus decisiones de acuerdo a su especie. Construyen sus nidos en distintos lugares, sobre el suelo, entre peñascos, en las ramas de los árboles o en los lugares más insólitos, pero a su vez tienen las características, hábitos y necesidades propias de su especie.

Hace un tiempo caminando por un sector de las “Grutas” de Necochea, al bajar hacia la playa, me detuve a ver las distintas características que conforman su superficie. Grandes rocas planas, que parecen haber sido hechas por la mano del hombre, piedras pequeñas que cubren superficies importantes y las hermosas playas de arena que conforman un paisaje digno de postales.

Esto me llevó a pensar, cual de estas tres superficies alguien elegiría como base si tuviese que edificar su casa. Por supuesto a nadie se le ocurriría levantarla sobre un sector cubierto por piedras pequeñas al menos que decidiese sacarlas, pero sí, muchos evaluarían las posibilidades restantes.

Quienes han tenido que esforzarse para levantar con sus manos su vivienda, o se dedican a la construcción, saben bien que intentar hacerlo sobre una de esas grandes rocas planas no es tarea fácil, pues primero hay que cavar sobre ella para fijar las bases y columnas, y eso lleva mucho tiempo y esfuerzo. Días y días de trabajo sin ver que nada se asome a la superficie, más bien parece tiempo perdido inútilmente. En lugar de edificar, se cava. En lugar de disfrutar del proyecto, se gastan recursos en algo que no se ve, y lo que se ve no atrae. Pero en el transcurso del tiempo lentamente progresa su construcción y esta llega a su fin, y puede ser habitada y disfrutada.

La otra alternativa es más atractiva al ver la hermosa superficie de la playas con sus muy suaves pendientes. Allí es mucho más sencillo edificar, las columnas se pueden anclar en horas, porque cavar es muy sencillo y fácil, luego las paredes van elevándose mostrando la concreción del proyecto, del sueño hecho realidad. Mientras que con la otra alternativa se hubiese estado sufriendo, con esta, “ya se comienza a disfrutar”.

Pasan los días, y las inclemencias del tiempo se abaten sobre ambas, y ¿Qué se imaginan que sucede al ser embestidas por los vientos y el agua? No es difícil la respuesta, una permanece firme y la otra se derrumba y si no ocurre esto, se daña seriamente y aunque se repare, en el próximo temporal se agrieta nuevamente o desmorona en otro sector y así constantemente. El disfrute de la casa terminó con la primera tormenta y luego se torna terrible el habitarla.

Así ocurre con nosotros los seres humanos. Mientras las aves hacen sus casas de acuerdo a su especie, nosotros también, pero a diferencia de ellos son dos opciones que tenemos. Son dos las superficies a elegir.

Como sucede con la construcción de una casa así también tenemos dos opciones para edificar nuestras vidas, sobre una base firme o sobre la que no lo es. Al respecto Jesús dijo: “Voy a decirles a quién se parece el que viene a mí y me oye y hace lo que digo; se parece a un hombre que para construir una casa, cavó primero bien hondo, y puso la base sobre la roca. Cuando creció el río, el agua dio con fuerza contra la casa, pero no la hizo tambalear, porque estaba bien construida.

Pero el que me oye y no hace lo que digo, se parece a un hombre que construyó su casa sobre la tierra y sin base; y cuando el río creció y dio con fuerza contra ella, se derrumbó y quedó completamente destruida."

¡Qué vigente es lo que dijo, claro, por mas que pasen los años, las costumbres cambien y la tecnología avance, en esencia seguimos siendo iguales..! Tenemos la capacidad de optar y decidir, y lo sabio es que lo hagamos bien.

Son muchos quienes han construido sus vidas sobre la opción equivocada y aunque todo parecía brillar les paso como a mi al comprar un anillo, parecía oro, pero con el uso y el tiempo, primero perdió su brillo, luego dejo de ser dorado y tomo un color plata, con lo cual me conformaría, pero no lo era, lo mas triste aún es que ahora es de un material metálico amarillento y ordinario al que hay que constantemente sacarle brillo para que pase desapercibido.

Si encuentras similitud entre tu vida y estos ejemplos, te animo a que fundamentes tu vida en Jesucristo, El es la Roca en quien puedes permanecer firme frente a las “inclemencias de la vida”. Pero como ocurre con una casa mal construida desde sus bases, debe ser hecha de nuevo. Jesús quiere que tu vida comience de nuevo, la Biblia lo llama “Nuevo Nacimiento”, pero ahora tomado de su mano y con Su ayuda.

Sólo tienes que reconocer tu error y necesidad, y decirle que deseas edificar tu vida, tu futuro y familia basado en El, esto se verá expresado en tu vida diaria. La decisión es tuya.


Pr. Rubén Jorge Rodríguez

lunes, 15 de marzo de 2010

LO QUE PASÓ, PASÓ..!




¿Es de sabios repetir nuestros propios errores y los que vimos cometer a otros, sabiendo las consecuencias que ocasionaron?... Lo que más me preocupa es cuando me encuentro con personas que se niegan a mirar atrás y recapacitar sobre sus propios caminos... diciendo “¡Lo que pasó, pasó!...”.


A menudo oímos esta frase: “Debemos aprender de nuestros errores”, y es muy cierta, porque como dice un antiguo proverbio: “Sólo un necio comete el mismo error dos veces”. Claro, si esto es cierto -y si lo es- debemos asumir una dosis de necedad, más allá de nuestra capacidad intelectual o formación académica. Y... aunque nos resistamos a aceptarlo, sabemos que es así.

También es importante aprender de los errores ajenos, y principalmente de aquellos en los que han incurrido quienes conocemos bien, para no repetir lo mismo. No con un ánimo de cuestionamiento o crítica, sino con la disposición de evitar sufrir o hacer sufrir innecesariamente a otros y crecer como personas. Debemos preguntarnos: ¿Es de sabios repetir nuestros propios errores y los que vimos cometer a otros, sabiendo las consecuencias que ocasionaron?.

Si mirásemos a nuestros padres, abuelos y aquellos con quienes nos relacionamos; y en el momento de tomar decisiones nos detuviésemos un instante a reflexionar sobre cuales fueron las consecuencias a través del tiempo de sus decisiones en condiciones similares, muchos de los sufrimientos que hoy padecemos los hubiésemos evitado.

Pero lo que más me preocupa es cuando me encuentro con personas que se niegan a mirar atrás y recapacitar sobre sus propios caminos evadiendo medir las consecuencias de sus palabras y hechos, diciendo “¡Lo que pasó, pasó...!”, parafraseando parte del estribillo de una canción popular.

Es sabio meditar sobre nuestros caminos, sobre las consecuencias de las decisiones tomadas en nuestro diario vivir, sean éstas buenas o malas. Más aún en el antiguo libro del que hacía mención, la Biblia, Dios dice, “Yo, el Señor todopoderoso, les digo que piensen bien en su conducta...” o como lo expresa otra traducción “Mediten bien sobre vuestros caminos...”.

Hay personas que con su afán de mirar hacia delante, dan por cerrado su pasado, otros por temor a revolver en él, dado a que se niegan a asumir las consecuencias de sus hechos, y más aún aceptar explícitamente el daño que se hicieron a sí mismos y ocasionaron a otros.

Hay una frase que encierra una riqueza muy grande y es bueno que la tengamos en cuenta: “Para tener victoria en el presente, debemos reconciliarnos con nuestro pasado”, o sea mientras no resolvamos lo pendiente no podemos seguir avanzando sanamente en la vida. Sí, es duro tener que aceptarlo pero es así. Permanecemos limitados, como si estuviésemos atados a nuestro pasado.

¿Cómo entonces podemos reconciliarnos con nuestro pasado, para poder seguir avanzando?. Lo primero que debemos hacer es decirnos y decir la verdad, no “nuestra verdad”, sino la verdad objetiva, la verdad tal cual es, esto es fundamental. Lo segundo es reconocer nuestros errores y dar los pasos claros y necesarios para tratar de remediar todo lo que esté a nuestro alcance. Esto se llama restitución.

Algo así hizo un hombre llamado Zaqueo -en los tiempos de Jesús-, quien había defraudado y estafado a muchos, un día, después de encontrarse con Jesús y reconocerle como el Señor y Salvador de su vida, tomó conciencia de sus hechos y decidió devolver lo que no era suyo, o sea se reconcilió con su pasado.

Alguien me dirá que Jesús dijo a quienes le seguían que las cosas viejas pasaron y que todas eran hechas nuevas. Y si, es cierto que lo dijo, pero en su expresión no dice que se dé una vuelta de página tapando con un manto las propias miserias, sino, no volver a repetir los mismos errores, ni seguir viviendo las mismas vidas desordenadas del pasado, sabiendo que Dios da la oportunidad de comenzar de nuevo, ahora tomados de la mano de Jesús, reconciliándose con su pasado.

Si está en lo profundo de tu ser experimentar este cambio, debo decirte que sólo te será posible enfrentarte con tu pasado si adoptas una actitud similar a la de este cobrador de impuestos para el imperio romano, quien era culpable de traicionar a sus compatriotas en beneficio propio y del César. Pero que se arrepintió y decidió seguir a Jesús y con su ayuda pudo dar un giro valiente de ciento ochenta grados en todos los aspectos necesarios de su vida.


Pr. Rubén Jorge Rodríguez




lunes, 1 de febrero de 2010

"TE ROBA LA VIDA"




Mientras sufres es posible que quienes te dañaron sigan “viviendo la vida”, mientras sumas sufrimiento a tu dolor inicial. Esta condena que oprime tu pecho “te roba la vida” y daña a quienes amas.


A menudo me encuentro con personas, tanto hombres como mujeres, con una profunda angustia asociada con dolor y bronca, que lo definen como un sufrimiento del cual son prisioneros, pero lo llamativo es que al abordar el tema que origina este “coctel letal”, la persona se defiende guardando esa dureza en su pecho como para demostrarse a si mismo y demostrar a otros que es fuerte y que de nuevo no ocurrirá lo mismo.

Esto sucede cuando alguien fue víctima de algún delito, violación o injusticia. Frente a la injusticia e impotencia de esta manera expresa su repudio y rechazo a lo sucedido. Esto en muchas ocasiones, según lo confirman los profesionales de la salud, genera enfermedades psíquicas y/o psicosomáticas, en muchos casos con derivaciones graves. Y en otros se observa un deterioro de su vida personal, familiar y social. Como así también en algunos el vivir al filo de ejecutar venganza.

¿Qué hacer entonces, por dónde comenzar?. Es sencillo, por el principio; con una palabra que inicialmente es resistida y no comprendida, -y racionalmente es comprensible esta reacción-, cuando todavía se sufren las consecuencias de lo ocurrido. Cuando alguien les habla de perdonar, la respuesta es generalmente, “no puedo”, “no se puede”, o “no es justo”.

Claro, es entendible que quien haya sufrido injustamente no quiera ceder restándole importancia a lo acontecido, o decir “no fue tan grave lo ocurrido”. Pero no estoy diciendo esto, todo lo contrario, estoy hablando de ser libres de “eso” que ha oprimido el pecho, cerrado su garganta y desdibujado su sonrisa espontánea del rostro, por meses, años o décadas. Aquello recurrente en los pensamientos, aquello pendiente en la vida.

Quien comete delitos es un delincuente, quien viola es un violador, quien estafa es un estafador, quien asesina es un asesino y de ninguna manera podemos minimizar ni convalidar semejantes hechos. Aún más, la justicia debe juzgarles de acuerdo a sus hechos. Sabemos que si aunque por algún motivo la justicia humana no lo hiciese, deben enfrentarse con Dios.

Tengo una buena noticia y es que puedes ser libre de tu agobio y justamente tiene que ver con el perdonar, renunciando a esa dureza que tienes en el pecho a manera de coraza, defensa o arma. Porque mientras sufres, es posible que quienes te dañaron sigan “viviendo la vida”, mientras sumas sufrimiento a tu dolor inicial. Esta condena que oprime tu pecho “te roba la vida” y daña a quienes amas.

Cuando perdones en tu corazón a quienes te dañaron comenzará a diluirse tu pesar y comenzarás a experimentar libertad en tu vida, -reitero no implica llamar bueno a lo malo-. Pero la pregunta es ¿cómo puedo hacerlo?. Jesús hablando de perdonar, dijo que perdonemos a quienes nos afectaron, si queremos ser perdonados.

Pero también es cierto que también dice la Biblia que perdonemos como El nos perdonó. Entonces la pregunta inevitable es; ¿ha perdonado Dios los yerros de tu vida?. ¿Le has pedido perdón reconociéndolos con profundo arrepentimiento?. Si no lo has hecho aún, ahora es el momento de hacerlo. ¡Porque nadie puede dar lo que no tiene!.

Cuando te hayas reconciliado con Dios y declares en tu corazón que perdonas a quien te dañó y pongas todas tus cosas a los pies de Jesús confiando en El, experimentarás paz y libertad, porque en definitiva el único que te puede hacer libre es El.



Pr. Rubén Jorge Rodríguez



lunes, 18 de enero de 2010

SIEMPRE QUISE PAGAR..!



Administrar la confianza que nos brindan, es administrar un tesoro de gran valor, porque con buenas intenciones no hacemos mucho.


Saber que otros confían en nosotros genera satisfacción, y más cuando este voto de confianza proviene de amigos, familiares o simplemente de personas que nos conocen muy bien. Poder contar con crédito, sea este en forma personal o a través de alguna institución reconocida, es una de las grandes satisfacciones con que cuenta el ser humano.

El hecho que confíen en nosotros y el saber que si tuviésemos alguna dificultad extrema podríamos recurrir a ellos -porque están dispuestos a socorrernos- nos brinda seguridad y permite avanzar en distintos proyectos que a diario tenemos por delante.

Por el contrario, el no poder contar con nadie, produce una sensación de desamparo muy particular, acompañada en algunos casos por un creciente resentimiento. Este resentimiento hiere al que lo posee generando depresión u “odio a la vida y a las personas”. Afecta fatalmente a su entorno, desencadenando graves problemas de relación. En medio de estos sentimientos de rechazo e incomprensión, las personas afines se suelen agrupar, porque sufren algo parecido, cayendo en muchos casos en el abandono de si mismos crisis familiares o suicidios. Aunque también algunos en adicciones o hechos delictivos, muchos de ellos con un perfil “inhumano”.

Es importante considerar cómo administramos esta confianza cuando somos poseedores de ella. Abundan los que abusan de ella respecto a personas, pero aún más cuando se trata de instituciones. Muchos no miden la posibilidad cierta de cumplir con las obligaciones tomadas, se basan en un “positivismo” que les induce a tomar obligaciones pensando en pagar, porque no esta en sus corazones defraudar a nadie, pero de hecho lo hacen. Ya que hubiesen pagado -pues esa era la intención-, claro, si todo hubiese salido como esperaban, pero ante la variable adversa más pequeña todo “el castillo que han levantado en sus mentes” -aunque elaborado con las mejores intenciones- se derrumba, arrastrando consigo la confianza, las relaciones, las amistades, y un futuro de libertad.

Un libro muy antiguo, La Biblia, dice que es mejor no prometer, que prometer y no cumplir, también dice que uno es esclavo de aquel a quien debe, y todo esto es muy cierto. Cuantas personas están lastimadas y lastimaron a otros, pues son victimas y victimarios, por reemplazar la fe por el positivismo. Que gran necesidad tiene nuestra sociedad de administrar la confianza que nos brindan, porque hacerlo es administrar un tesoro de gran valor.

Este tan valioso libro también dice que es necesario cambiar el modo de pensar, para que pueda cambiar la manera de vivir. ¡Cuántos problemas nos hubiésemos ahorrado si desde temprana edad, hubiésemos sabido estas cosas y valorado sus profundas enseñanzas!.

Tengo una buena noticia y es que no solamente allí encontramos la orientación para no equivocarnos, sino que también nos brinda la salida y nos ayuda a redireccionar nuestra vida. Por eso si tienes una, léela y sino consíguela, encontrarás verdaderos tesoros escondidos.



Pr. Rubén Jorge Rodríguez



jueves, 31 de diciembre de 2009

¡PUDIENDO SER RICOS..,NO LO SOMOS!


Cuando los recursos están ahí, esperando que dispongamos de ellos pero no los utilizamos y a la vez tenemos una mezcla de esperanza y resignación, que genera una progresiva frustración.

Necochea cuenta como punto turístico regional con una diversidad y calidad de recursos naturales, que muchos desearían. Comenzando por sus extensas playas tanto las de Necochea como las de Quequén, con un clima agradable y variable a la vez, que a diferencia de lo que algunos suponen, brindan a los turistas y visitantes una diversidad afín a todos los gustos.

Sin ir más lejos las fascinantes grutas próximas a la ciudad, con sus lugares paradisíacos y hermosas playas en muchos sectores; en otros formando acantilados o fundidas con inmensos médanos.

Y que decir de su río serpenteante y con cascadas, con su entorno agreste, refugio de aficionados a la pesca y amantes del relax. El parque Lillo repleto de pinos esperando a aquellos que gustan de los lugares boscosos y “Lago de los Cisnes” lleno de aves de distintas especies junto a una gran variedad de fauna.

Podemos seguir enumerando otras atracciones, como su puerto de aguas profundas y sus hermosas escolleras, etc. Pero la pregunta que muchos de los habitantes se hacen (algunos con ciertas quejas aunque otros con esperanza) es ¿Se valoran y se da la importancia que merecen a los recursos naturales de que disponemos, se le da la utilidad y difusión adecuada o sólo nos ufanamos del hecho de contar con ellos?. ¡Qué distinto que es cuando algo de lo que se dispone, se disfruta a pleno!.

Así ocurre con alguien que tiene un padre rico y no lo sabe, o aunque lo sepa mantiene distancia con el. O aquel que dispone de una gran herencia pero lo ignora o no la quiere tomar y vive pobre siendo rico.

Con todos nosotros ocurre algo parecido ya que contamos con alguien que nos ama profundamente y es el dueño de todos los recursos imaginables y aún de los que no nos imaginamos. Dispuso todo aquello que es para nuestro bien, no a manera de préstamo sino para que sean nuestros y podamos disfrutarlos plenamente, pero ocurre como con nuestros recursos naturales y con quien puede alcanzar lo que está dispuesto para el, pero por diversas razones no lo toma.

¡Si!. Aunque parezca incomprensible es lo que la mayoría de las personas hemos hecho con respecto a Dios. El tiene a nuestra disposición la paz o el perdón que tanto anhelamos, la alegría o compañía que necesitamos, el consuelo y la esperanza tan valiosos en distintos momentos de la vida. Dentro de su soberana voluntad contamos con salud y los recursos económicos que nos brinda, y tantas cosas más.

Surge entonces la pregunta: ¿Cómo puedo disfrutar de esto que está reservado por Dios para mi?. Es muy sencillo; hablando con Él, como si hablases con un padre que sabes que te ama, pidiéndole lo que necesitas, pero no como quien le pide a “un bonachón generoso”, sino desde tu necesidad con profundo clamor, reconociendo su grandeza y con la decisión tomada de poner tu vida bajo Su glorioso gobierno. Reconociendo a Jesucristo, su Hijo, como tu Señor y Salvador, quien murió en la cruz para que seas perdonado cuando arrepentido le pidas perdón, reconciliándote de esta manera con Él.

Cuando uno toma conciencia de aquello que fue provisto para uno y lo hace con una actitud de humildad, cuando se toma la decisión adecuada en el tiempo correcto, se puede disfrutar de las riquezas que nos han sido provistas y en lugar de decir “¡Pudiendo ser rico, no lo soy!”, podremos decir y con verdad “¡Poseo y disfruto lo que Dios me dio!”.
Pr. Rubén Jorge Rodríguez










lunes, 14 de diciembre de 2009

EL CUMPLEAÑOS

Una familia, quizás como una de las nuestras, en un día caluroso de verano, en una ciudad como esta, se aprestaba para festejar un cumpleaños muy especial, como aquellos a los cuales nosotros le damos una relevancia significativa, afectuosa y de reconocimiento.

Cuidadosamente prepararon una lista incluyendo a los invitados, teniendo especial cuidado de no olvidar a aquellos que habían dispuesto que participasen, aún más la repasaron entre varios para no equivocarse.

Se distribuyeron las distintas tareas entre quienes lo organizaban. Buscaron un lugar adecuado, amplio, limpio. Lo decoraron y adornaron para esta ocasión tan especial. Conversaron y decidieron en que consistiría el lunch y las bebidas y fundamentalmente el brindis para culminar este momento tan grato homenajeando a quien cumpliría años, como así también, cómo y quienes lo servirían.

Destinaron un lugar para dejar los obsequios, eligieron la música que según entendían, sería acorde al momento. Prepararon las mesas y mientras terminaban de poner los cubiertos comenzaban a llegar los invitados.

Sus rostros reflejaban alegría, claro, era un día especial y en medio de la algarabía depositaban los obsequios que traían. Llegó el momento tan esperado, comenzaron a cenar festejando este tan esperado cumpleaños cerrando la puerta del lugar. Transcurrían las horas en medio de júbilo, risas, y música. Cuando ya avanzaba la noche, después de haber cenado, alguien preguntó ¿Vieron al cumpleañero?.

Con asombro unos y con sonrisas irónicas otros dijeron: ¿Como preguntas eso? ¡Allá está! ¡Si allá!, otro respondió. A la mesa principal había un hombre sentado que se destacaba del resto, usaba ropa de pleno invierno, de color muy llamativo, adornaba su cabeza con un gorro muy especial. Era el centro de atracción, sus carcajadas muy particulares generaban la simpatía de todos los asistentes, principalmente los niños se acercaban para besarle, muchos de ellos llevados por sus padres.

En un momento otro dijo, ¿Qué hace este hombre acá? ¡Hoy es nochebuena y estamos festejándole el cumpleaños a Jesús! ¿Quién me puede decir dónde está?. Poco a poco ceso el ruido mientras se miraban reconociendo el grave error.

En medio de los preparativos se olvidaron de decirle a Jesús que querían honrarlo y homenajearlo, olvidando invitarlo. ¡Quien cumplía años no estaba presente! ¿Quien era entonces ese hombre que había pasado a ser el centro de la atención de todos? Alguien respondió, algunos lo llaman papá Noel y otros Santa Claus.

Al reunirte en esta nochebuena o Navidad, con aquellos a quien amas para festejar el nacimiento de Jesús, no te olvides que Él debe ser el centro y además debes saber que sin Jesús no hay Navidad. Aquel o aquello que lo reemplace ocupará un lugar que no le corresponde. Comienza este tiempo dándole a Jesús el valor y lugar que tiene.

Hace más de dos mil años decidió nacer entre nosotros con el objetivo de reconciliarnos con su Padre Dios, librando así de las consecuencias de nuestros pecados a todos aquellos que le reconozcamos como el Hijo de Dios y arrepentidos de nuestros pecados le digamos “¡Jesús perdóname! Reconozco que no merezco tu perdón, pero te ruego que tengas misericordia de mí”. Haciéndole esta declaración con la firme decisión de rendir a sus pies nuestro pasado, presente y futuro. Dispuestos a vivir una vida nueva tomados de su mano.

Felicidad y recuerda que: ¡La Verdadera Navidad es con Jesús!.

Pr. Rubén Jorge Rodríguez